La sensualidad en la poesía - cuando entendida como una mano diestra que acaricia con versos; como una boca experta que besa con palabras; como un discurso elocuente que invita con silencios - es un género que debemos preservar y cultivar para poder defendernos de la árida intransigencia de la realidad, que nos exige decisiones claras, frases cristalinas, gestos cortantes, ya que por más que la modernidad nos seduzca con sus aparatos cibernéticos y amores electrónicos, somos y seremos Personas, y como tales carentes de un abrazo fraterno, de una mirada envolvente, de sabernos queridos y deseados y tocados.