ALGUNA VEZ, LO SÉ, TUVE UNA CARA
Jorge Souza
Alguna vez, lo sé, tuve una cara,
un nombre gris, una memoria abierta
y una ciudad con árboles.
Tuve una casa vieja y una luna repleta
como farol en alto sobre el techo del mundo.
Pero vino la niebla con sus manos desechas,
con sus vendas sonámbulas y escondió mis sílabas.
Untó su vaho en mi piel, adormeciéndola
y entorpeció el arroyo de mis voces antiguas.
Vino la niebla con cristales de plomo
y cultivó en mis ojos negras malvas;
tendió cansadas telarañas
en mi rostro y mi cuello, envejeciéndolos.
Me convirtió al fin en este hombre
que en sus manos perdió todos los ritos
y que convoca en azoteas nocturnas
el resplandor, las llaves, el milagro.
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