16
Par�frasis a R. Tagore
En mi cielo al crep�sculo eres como una nube
y tu color y forma son como yo los quiero.
Eres m�a, eres m�a, mujer de labios dulces,
y viven en tu vida mis infinitos sue�os.
La l�mpara de mi alma te sonrosa los pies,
el agrio vino m�o es m�s dulce en tus labios:
oh segadora de mi canci�n de atardecer,
c�mo te sienten m�a mis sue�os solitarios!
Eres m�a, eres m�a, voy gritando en la brisa
de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda.
Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo
estanca como el agua tu mirada nocturna.
En la red de mi m�sica est�s presa, amor m�o,
y mis redes de m�sica son anchas como el cielo.
Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto.
En tus ojos de luto comienza el pa�s del sue�o.
17
Pensando, enredando sombras en la profunda soledad.
T� tambi�n est�s lejos, ah m�s lejos que nadie.
Pensando, soltando p�jaros, desvaneciendo im�genes,
enterrando l�mparas.
Campanario de brumas, qu� lejos, all� arriba!
Ahogando lamentos, moliendo esperanzas sombr�as,
molinero taciturno,
se te viene de bruces la noche, lejos de la ciudad.
Tu presencia es ajena, extra�a a m� como una cosa.
Pienso, camino largamente, mi vida antes de ti.
Mi vida antes de nadie, mi �spera vida.
El grito frente al mar, entre las piedras,
corriendo libre, loco, en el vaho del mar.
La furia triste, el grito, la soledad del mar.
Desbocado, violento, estirado hacia el cielo.
T�, mujer, qu� eras all�, qu� raya, qu� varilla
de ese abanico inmenso? Estabas lejos como ahora.
Incendio en el bosque! Arde en cruces azules.
Arde, arde, llamea, chispea en �rboles de luz.
Se derrumba, crepita. Incendio. Incendio.
Y mi alma baila herida de virutas de fuego.
Quien llama? Qu� silencio poblado de ecos?
Hora de la nostalgia, hora de la alegr�a, hora de la soledad,
hora m�a entre todas!
Bocina en que el viento pasa cantando.
Tanta pasi�n de llanto anudada a mi cuerpo.
Sacudida de todas las ra�ces,
asalto de todas las olas!
Rodaba, alegre, triste, interminable, mi alma.
Pensando, enterrando l�mparas en la profunda soledad.
Qui�n eres t�, qui�n eres?
18
Aqu� te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan d�as iguales persigui�ndose.
Se desci�e la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.
O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma est� h�meda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aqu� te amo.
Aqu� te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando a�n entre estas fr�as cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.
Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son m�s tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida in�tilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Est�s t� tan distante.
Mi hast�o forcejea con los lentos crep�sculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sue�o.
Me miran con tus ojos las estrellas m�s grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.
19
Ni�a morena y �gil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
T� juegas con el sol como con un estero
y �l te deja en los ojos dos oscuros remansos.
Ni�a morena y �gil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediod�a.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.
Mi coraz�n sombr�o te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.
20
Puedo escribir los versos m�s tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche est� estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos m�s tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella tambi�n me quiso.
En las noches como �sta la tuve entre mis brazos.
La bes� tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo tambi�n la quer�a.
C�mo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos m�s tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oir la noche inmensa, m�s inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el roc�o.
Qu� importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche est� estrellada y ella no est� conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi coraz�n la busca, y ella no est� conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos �rboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cu�nto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su o�do.
De otro. Ser� de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como �sta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque �ste sea el �ltimo dolor que ella me causa,
y �stos sean los �ltimos versos que yo le escribo.
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