Tus caderas
Poema de Francisco Arias Sol�s - Espa�a
S�
que eres la tersura del fuego y su ramaje,
la felina elegancia de la bruma,
inesperada fuente , creciendo hasta nacer,
fundi�ndome al hechizo en que me ahondas
m�s all� de la muerte o de su olvido.
Quiero besar tu infinitud de estatua,
beberte y anegarme en su reverso
de luz y noche y sue�o que en llama se sorprende.
Extender desde el �xtasis la piel de la vehemencia.
Voracidad exacta que palpa tus contornos
surgiendo en las corrientes de tu orilla
para instalar el d�a del diamante.
Tu hoguera blanca es pulpa entre mis labios.
Mi espalda son tus dedos en susurros.
Tus caderas, tan lentas, tan dentro de las m�as
como un acorde largo, perforante
dirigiendo la vida hacia su origen.
Pujante acometida hacia el espacio.
Proa donde revientan los deseos.
Rotundidad vibrante, cardinales tumultos,
chorro de luz, org�a perpetua de lo claro,
que inaugura en tu vientre la hora primigenia.
Verbo cuyo horizonte reencarna de la nada
como jirones de agua hacia el im�n del sol.
Tu cuello una columna donde se alza una estrella
hasta que vuelves a tus ojos fijos
y eres la certidumbre que me acoge y conmueve.
Sed, cometa interior, inesquivable v�rtigo
rescatado oleaje que al vendaval desborda,
y como �l te rodeas absoluta en mis brazos.
Hasta la desmemoria tu tacto me engrandece.
Propaga tu infinito en mi anhelo infinito
la azul fertilidad, el agua y su misterio.
Signo y colmo en tus labios la elecci�n
por la que apuesto el mundo. Somos manos aferrando
el vuelo que se alcanza y se corona
en el sue�o total de su designio.
Persiste en mi mirada, desmesurada sigue
naciendo de tus ojos desde el mar
que se despe�a en tu incesante cuerpo.
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